Una historia de blackjack en el viejo oeste

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A lo largo de su evolución, el juego de blackjack ha atesorado un increíble colección de anécdotas y sucesos a su alrededor, muchos de ellos dignos de ser incluidos en un libro. Las más curiosas datan de la época de la colonización del salvaje oeste por los aventureros cuando proliferaban, desde Mississipi a San Francisco, infinidad de salones de juego.

Esta historia que relataremos ocurrió en el salón Crystal Palace de Tombstone, en territorio de Arizona. Una noche, Johnny Ringo, famoso pistolero de la región, se encontraba jugando blackjack como habitualmente lo hacía, pero con la diferencia de que estaba en noche perfecta, pues ganó 11 mil dólares (una fortuna para la época) y con eso llevó a la banca a la quiebra.

Johnny Ringo era muy amigo de los Clanton y por tanto enemigo acérrimo de Wyatt Earp y Doc Holliday, su inseparable compañero. Luego de dejar a la banca en ruinas, seguro y orgulloso se levantó, se dirigió a una mesa de póker cercana donde jugaba casualmente uno de sus enemigos, Doc Holliday, y lo retó a jugar. Doc aceptó el reto sin inmutase en lo más mínimo.

Al poco tiempo en la mesa solo quedaron Johnny y Doc batidos en un silencioso duelo, el público a su alrededor seguía el desarrollo de la partida sin perderse un detalle. Pasado un buen rato, Doc Holliday, que era un maestro del póker, había logrado ganarle hasta el último centavo a Holliday, quién insultado al verse arruinado tan rápidamente como se había hecho rico, no pudo controlar sus emociones y se atrevió a llamar tramposo a Doc.

Mientras se levantaba profiriendo sus insultos, una férrea mano lo detuvo en seco y una voz potente, pero calmada, le comento cerca del oído:

-¿Qué pasa Johnny, la suerte te viró la espalda? Parece que tu juego no es el póker, ¿Por qué no vas de nuevo a la mesa de BlackJack?

Quién así le habló era nada más y nada menos que el mítico Wyatt Earp, que había entrado al Crystal Palace mientras se trascurría el juego de póker. Al terminar con sus palabras, esbozó una sonrisa y clavó su fría mirada en los ojos de Johnny Ringo.

La tensión del momento se podía cortar con un cuchillo, la gente comenzó a apartarse esperando lo inevitable, pero para sorpresa de todos, Johnny inteligentemente se fue calmando, se levantó sin pronunciar una palabra y se retiró nuevamente a jugar BlackJack como si nada hubiera sucedido.

Un rato después Johnny sonreía nuevamente, pues de verdad esa era su noche para el BlackJack. En su retorno a la mesa volvió a ganar la nada despreciable suma de 7 mil dólares. La noche terminó sin más incidentes y una vez más Wyatt Earp logró imponer la ley en el viejo oeste.

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